miércoles, 7 de abril de 2010

LA ABSTENCIÓN TAMBIÉN ES UNA OPCIÓN

(Escrito el 30 de marzo de 2010)

Pasadas las parlamentarias y la consulta de los partidos Conservador y Verde sobre candidatos presidenciales, aparece como único ganador el uribismo y su vinagre receta de gobierno, seguridad democrática, cohesión social y confianza inversionista. Proyecto cuya continuidad se palpa hasta en la manera vergonzosa en que su clon repetirá la fórmula. Y como un único perdedor la población cuya mayoría alienada por este esperpento ideológico criollo, parece aceptar cándidamente su degradada realidad.

Por eso hay afán de elecciones y con fraude o sin él, un sector minoritario de la sociedad lo refrendará con el voto. Todos los candidatos y candidata a la presidencia han manifestado sin tapujos que seguirán su política. Hasta el del Polo ha expresado su simpatía por la seguridad democrática, una estrategia de guerra que ha impuesto un pensamiento de derecha en la sociedad. Quienes aspiran ser las más fieles copias se apuran a clonar al jefe ya que el tiempo de elecciones apremia.

Y lo más seguro es que habrá más de lo mismo que hemos vivido en 8 años. Desempleo, pobreza generalizada, desplazados, carencia de un sistema de seguridad social que brinde acceso a un buen sistema de salud y educación, etc. Así que quien gane gana todo lo que caracteriza al uribismo: no solo la ideología neoliberal que ha garantizado enormes ganancias a los más ricos, los bancos, las trasnacionales, grupos económicos, sino también el fraude (compra de votos), la ilegitimidad institucional, la parapolítica, los falsos positivos, etc.

No se puede argumentar que fue la compra de votos, el fraude, la intimidación armada, el clientelismo, la utilización de medios y recursos públicos por funcionarios estatales a favor de candidatos y candidatas afines al proyecto uribista, lo que garantizó el triunfo. Pues todo ello ha estado ligado a la historia del poder en Colombia. Tampoco importa que la denuncia del fraude y compra de votos la haya hecho, entre otros, la OEA a través de la Misión de Observación Electoral (MOE). Estos hechos ilegítimos son la prueba irrefutable de que el Estado en Colombia para existir se sirve de la mafia y el paramilitarismo como aliados esenciales del proyecto político, económico y social de derecha que ha gobernado al país.

Lo sorprendente del engaño y manipulación política, no es la candidez con la que un pueblo mayoritariamente alienado la acepta, sino la inconsecuencia política de quienes se dicen opositores al régimen que la reproduce y los clones que la van a repetir. Los candidatos de oposición, desde Gustavo Petro del lánguido Polo Democrático, hasta los de centro e independientes como Antanas Mockus y Sergio Fajardo, no tienen sino un mensaje: ir a unas elecciones donde de partida se conoce qué proyecto es el ganador, así como quienes son los perdedores: la democracia y un pueblo cuya mayoría alienada acepta como naturales su pobreza, desempleo y exclusión.

Carece de todo valor ético y moral denunciar y calificar estas elecciones como fraudulentas, sucias, viciadas, corruptas por la ingerencia de mafias y paramilitares (caso PIN, aunque no el único), como lo han hecho con vehemencia los candidatos de oposición y enseguida actuar como si nada pasara. Es un engaño mayor y una gran falsedad afirmar que el único camino posible para cambiar el régimen ilegítimo de los falsos positivos, el cohecho, el fraude y los crímenes de Estado es participar en elecciones fraudulentas y compradas.

¿No hay otras alternativas políticas distintas a las de participar en unas elecciones que sólo servirán para legitimar el régimen uribista? Claro que las hay y los candidatos de la oposición lo saben, pero su inconsecuencia política, su incoherencia y falta de honestidad les impide estar a la altura del momento histórico que vivimos: declarar la falta de garantías para participar en estas elecciones y llamar a la abstención consciente o voto castigo contra un régimen
que solo existe por su capacidad para violar la norma, hacer fraude y usar la violencia para perpetuarse en el poder.

La abstensión política también es posible en Colombia, y ese es el reto para el demócrata, el independiente y el izquierdista. Juntos podemos enviar el mensaje de que aún hay dignidad en una amplia franja del pueblo que se niega a hacer parte del corrupto circo electoral. ¿Habrá algún candidato de la llamada oposición que lo considere posible o sólo los mueve el deseo de conquistar la silla presidencial?


MOVILICÉMONOS PUEBLO

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